La energía es un factor crítico de la economía global y la reciente volatilidad en los precios de los combustibles fósiles, junto con la dependencia de países políticamente inestables para el suministro de energía ha creado un nivel de riesgo de que muchos países desarrollados quieren reducir. Este riesgo se ve agravado por las tendencias de creciente dependencia de las importaciones de combustibles fósiles por parte de muchos países desarrollados.
Por ejemplo, en un escenario business as usual, la dependencia energética de la UE aumentará del 50% del consumo total de energía de la UE actual a un 65% en 2030. En concreto, se espera que la dependencia de las importaciones de gas natural aumentará de 57% actual al 84% en 2030, y se espera que la dependencia de aumentar del 82% al 93%. La Comisión Europea se ha comentado, en relación con estos resultados que "Esto conlleva riesgos políticos y económicos. La presión sobre los recursos energéticos mundiales es muy intensa.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé que la demanda mundial de petróleo crecerá un 41% en 2030. ¿Cómo va a mantener la oferta con la demanda se desconoce. Los EE.UU. se ha vuelto cada vez más dependiente de las importaciones de combustibles fósiles desde 1970, cuando el petróleo nacional alcanzó su punto máximo, y actualmente obtiene alrededor del 60% de su petróleo de proveedores extranjeros. No es de extrañar, pues, que como parte de la seguridad nacional y la planificación económica, algunos países están aumentando sus inversiones en abastecimiento seguro de electricidad generada de fuentes renovables de energía.





